Impactos del sistema alimentario globalizado

El proceso de industrialización de la cadena agroalimentaria y el protagonismo del capital financiero dentro del sistema alimentario globalizado son los principales responsables de la sobreexplotación de recursos naturales y del desplazamiento de la población del medio rural.

La lógica y el funcionamiento del sistema alimentario globalizado inciden en la intensificación de los movimientos migratorios internos o internacionales, sean ellos voluntarios o involuntarios. En el marco de la producción agroalimentaria globalizada, se configuran nuevas relaciones de poder entre los países del Norte y los países del Sur que perpetúan las diversas formas de desigualdad que son la causa subyacente de la pobreza y de las injusticias. Con esta premisa es lógico suponer que existe un vínculo entre el funcionamiento del sistema alimentario globalizado, el empobrecimiento de los tejidos económicos y sociales locales y los fenómenos migratorios.

El sistema alimentario globalizado cruza las fronteras estatales para integrarse en las dinámicas propias del sistema neoliberal a través de un complejo entramado de empresas transnacionales.

Impactos del sistema alimentario globalizado

La evolución del sistema agroalimentario no escapa de los imperativos de crecimiento y acumulación propios del sistema capitalista y en este contexto la alimentación ha ido perdiendo su relación con las dimensiones sociales, ambientales, económicas propias de las diferentes culturas para acabar siendo tratada como una mercancía más. Por todas estas razones, estamos en presencia de un sistema alimentario que nos es sostenible debido a sus múltiples impactos:

  • sanitario: el número de personas con obesidad y sobrepeso no deja de aumentar, así como el número de peronas que padece enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación, y el número de personas que sufren de desnutrición;
  • medioambiental: la sobreexplotación de recursos naturales es responsable del agotamiento de los mismos y de un fuerte impacto en términos de contaminación y de emisión de gases de efecto invernadero; l
  • económico: la industria y la gran distribución, en clara posición de dominio con respecto a la producción en origen, suelen negociar con una estrategia de precios a la baja que en muchos casos non llegan a cubir los costes de producción;
  • humano: la explotación laboral de las personas que trabajan en el campo – y en otros sectores de la cadena agroalimentaria – junto a la expulsión de las comunidades locales para dejar espacio a los monocultivos dan cuenta de la injusticia social sobre la que está asentada la provisión de alimentos.

Para lograr sistemas alimentarios sostenibles y equitativos hay que poner en marcha movimientos sociales concientes del impacto socio-ambiental de la comida y capaces de abordar el tema de la alimentación de forma transversal para exigir cambios a nivel político encaminados hacia la transformación de la relación entre producción y consumo de alimentos.

Pilares del sistema alimentario globalizado

Un sistema alimentario que no garantiza el derecho a una alimentación sana para todas las personas y que compromete las bases económicas, sociales y ambientales de otros pueblos y de las generaciones futuras no puede definirse saludable, ni sostenible ni justo.

Balanza: planeta vs dinero

En este sentido, la lógica que rige el sistema agroalimentario imperante es la del máximo beneficio empresarial cuyos pilares son:

  • la apropiación de los recursos naturales;
  • la deslocalización de las actividades productivas;
  • la mercantilización de la agricultura.

Este modelo, controlado por un puñado muy reducido de empresas, origina graves efectos sociales, ambientales y económicos a la vez que provoca un empeoramiento de las condiciones de vida de millones de personas al destruir sus medios de vida y al crear cada vez más dificultad en el acceso a los alimentos, debido a la desaparición de la agricultura familiar y de los mercados locales.

El objetivo de las empresas agroalimentarias no es producir comida para alimentar, sino producir mercancías para vender, por ello no es de extrañar que cada año un tercio de la comida termine en la basura y que otros cuerpos y otros territorios asuman los costes sociales y ambientales del despilfarro.

Los lobbies agroalimentarios, controlados por las transnacionales y por las organizaciones financieras internacionales, utilizan su modelo basado en la sobreproducción y en la expansión de monocultivos y OGM para acabar con la agricultura campesina a pequeña escala y los mercados locales, puesto que estas formas de producción y distribución no producen dividendos para los accionistas de las empresas.

Según el enfoque neoliberal, la solución a la crisis alimentaria pasa por la liberalización de los mercados mundiales y el incremento de la producción impulsado por la innovación tecnológica. Una tendencia cuyo objetivo no es acabar con el hambre sino reforzar aun más un modelo de negocio basado en la sobreproducción, en la sobreexplotación de los recursos, en la injusticia y en el monopolio de pocas firmas. De acuerdo con este modelo, las soluciones a la crisis alimentaria – que se verá agudizada por el aumento de la población mundial- coinciden con las mismas medidas neoliberales que dieron origen a la situación de sovraalimentación en los paises del Norte y a la subalimentación en los países del Sur.

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