Carne cultivada en laboratorio: ¿es realmente sostenible?

La carne sintética, artificial o in vitro es aquella fuente de proteína de origen animal que ha sido «cultivada» en laboratorio a partir de células extraídas de animales vivos mediante biopsia. Últimamente se ha puesto de moda, convirtiéndose en la única opción viable y plausible para paliar de forma sostenible el hambre y la creciente demanda de carne. Pero ¿es realmente la carne cultivada en laboratorio una opción sostenible para el medio ambiente y para las personas?

El excesivo consumo de carne y la producción gandera industrial representan una amenaza para nuestra salud y para el medio ambiente, por ello urgen medidas orientadas a una reducción drástica del consumo y a la prohibición de macrogranjas. Sin embargo, tanto el Gobierno Español como la UE invierten dinero en falsas soluciones apoyando proyectos para trasladar el multimillonario negocio del sector cárnico de las granjas a los laboratorios.

Son muchas las empresas que compiten por llevar cuanto antes carne cultivada a nuestras mesas, entre ellas hay que señalar: Memphis Meat que “se enorgullece de contar con el apoyo de inversores de talla mundial como SoftBank Group … así como de los líderes de la industria alimentaria Cargill y Tyson Foods, y de inversores como Bill Gates y Richard Branson”; la holandesa Mosa Meat que recibe apoyo financiero de Sergey Brin, cocreador de Google; y Biotech Foods, empresa vasca que ha recibido una subvención de la Comisión Europea de 2,7 millones, a la que hay que sumar la financiación de parte del Gobierno Español.

Singapur ha sido el primer país en regular la venta al público de carne cultivada otorgando a Eat Just, compañía de San Francisco, la autorización para vender nuggets de pollo criados en laboratorio.

Carne cultivada y las supuestas ventajas de la proteína sintética

¿Por qué las empresas que invierten en el negocio de la carne sintética están creando la necesidad social de consumir carne cultivada en laboratorio? Según su visión, la urgencia de la producción en vitro está relacionada con tres ventajas:

  1. medioambientales: puesto que la ganadería intensiva es responsable de la emisión de importantes cantidades de gases de efecto invernadero;
  2. sanitarias: pues así evitaríamos la ingestión indirecta de residuos de antibióticos que han sido suministrados a los animales;
  3. éticas: puesto que el cultivo de carne en laboratorio evita el sufrimiento y el sacrificio animal.

Respecto a las supuestas ventajas medioambientales, según las empresas de biotecnología, el cultivo in vitro representa la alternativa sostenible a las macrogranjas. En relación con este punto, cabe señalar este estudio sobre el impacto de la producción de vacuno en laboratorio y en granjas. Los autores ha llegado a la conclusión de que aún no está claro el beneficio climático de la carne artificial debido a la incertidumbre acerca de cómo se producirá la carne cultivada a gran escala en términos de fuentes de energía utilizadas y emisiones producidas.

En relación con los supuestos beneficios sanitarios de la carne cultivada, conviene precisar que para evitar la contaminación de las células en vitro hay que añadir antibióticos o antisépcticos y aún no sabemos como dichos compuestos desaparacen del producto final. Además cabe señalar que el uso masivo de antibióticos en la producción animal, no es una conditio sine qua non de la ganadería en sí, sino un método utilizado por la ganadería intensiva para conseguir un rápido aumento de peso y prevenir enfermedades relacionadas con el hacinamiento.

Finalmente en cuanto a las razones éticas, es interesante recordar que el ingrediente fundamental para la proliferación del cultivo celular es el suero fetal bovino. ¿Es ético matar fetos bovinos para extraer suero? Probablemente la forma más ética de evitar el sufrimiento animal es respetando el ritmo de crecimiento y las condiciones de vida propias de cada especie, dejando a los animales al aire libre, en una situación de libertad de movimiento en armonía con el entorno propio de cada región y de sus razas autóctonas.

Carne cultivada en laboratorio

Lo que hay detrás del negocio de la carne cultivada son grandes inversores y gigantes de la industria cárnica que compiten por sellar la desconexión entre producción y consumo de alimentos. Alimentos que se convierten en productos que hay que extraer o fabricar sin los límites impuestos por la naturaleza.

Carne cultivada: ¿es la única alternativa a la ganadería intensiva?

Un debate serio y razonado sobre la producción y el consumo de carne debería empezar planteando dos cuestiones ineludibles: quién tiene que reducir el consumo de carne y qué tipo de carne tenemos que dejar de consumir. Sin embargo, lo que hace el lobby de la biotecnología alimentaria es polarizar el debate hacia dos extremos: carne cultivada frente a ganadería intensiva, esgrimiendo argumentos que, además de carecer de fundamento, se apoyan en una falsa dicotomía.

Las empresas de biotecnología solo nos presentan dos alternativas – laboratorios y ganadería intensiva – como si fueran las únicas posibles, cuando en realidad existen muchas otras. Para no caer en la trampa de un discurso que aparenta ser lógico y que nos pone a elegir entre carne procente de las macrogranjas o carne cultivada en laboratorio, conviene recordar que hay otras opciones que no han sido presentadas, entre ellas:

  1. la recuperación del pastoreo como práctica ecológica y sostenible;
  2. la reducción drástica del consumo de carne;
  3. el fomento de dietas vegetarianas o flexitarianas;
  4. el consumo moderado de carne procedente de la ganadería extensiva.

En relación con lo anterior, resulta esencial recordar algunas de las ventajas de la ganadería extensiva, entre ellas la sostenibilidad y la la gestión de los recursos naturales en armonía con el entorno. El ganado se alimenta de los pastos disponibles y de forrajes, cereales y legumbres que se suelen cultivar en campos propios o cercanos. El número de cabezas de ganado siempre es proporcional con la superficie disponible, por lo que la tierra tiene capacidad para asimilar los purines, mientras que el estiércol se usa como abono orgánico para los campos. Pero, sobretodo, la ganadería extensiva no es responsable de la deforestacion para sembrar soja que se utiliza para piensos ni de la contaminación vinculada con el uso masivo de agrotóxicos y antibióticos.

El sistema alimentario occidental hegemómico primero «invita» a abandonar dietas locales vegetarianas y adaptadas a la temporalidad (para adoptar dietas dependientes de proteína animal) y después vende la necesidad de producir carne en laboratorio para que el proceso productivo sea más sostenible.

Cabras, vacas, ovejas ganadería extensiva

Carne cultivada: biotecnología vs naturaleza

La empresa vasca Biotech Foods ha creado Ethicameats, la marca comercial que llevará carne artificial a nuestras mesas. La empresa de biotecnología, con sede en Donostia, ha puesto en marcha el primer proyecto a nivel estatal de producción de carne sintética mediante el cultivo de células animales en biorreactores que simulan el cuerpo del animal.

Los gurús tecno-optimistas destacan que la carne cultivada “podría resolver la crisis alimentaria que se avecina y ayudar a combatir el cambio climático”. En relación con la crisis alimentaria, solo hace falta mirar lo que ha pasado con los transgénicos para constatar el fracaso de las soluciones tecnológicas para resolver el acuciante problema del hambre en el mundo.

Para afrontar la emergencia climática no hay que luchar contra el cambio climático sino contra un sistema de producción de alimentos insostenible e ineficiente. Para afrontar la emergencia climática, no hace falta buscar respuestas en la ciencia, sino reconocer el fracaso del modelo agroindustrial intensivo, basado en monocultivos y alimentos kilométricos que ejerce sobre el medio ambiente una presión que ni es sostenible ni es necesaria. La solución a la emergencia climática no pasa por los laboratorios, sino por el fomento de prácticas agroganaderas respetuosas con el medio ambiente.

La crisis alimentaria es una crisis inducida por un modelo agroindustrial que produce mucha más comida de la que realmente se necesita para alimentar a todos los seres humanos que habitan el planeta. Sin embrago, mientras un tercio de la producción anual de comida termina en la basura, alrededor de mil millones de personas están pasando hambre.

La carne cultivada no está pensada para alimentar de forma sana y sostenible a millones de personas. La carne sintética está pensada para arrebatar el control de la producción de alimentos del mundo rural para transferirlo a un puñado de laboratorios de los que dependeremos para alimentarnos.

Ante esta situación, la mejor opción de futuro social y ambientalmente sostenible es la agroecología. Lo que necesitamos no son milagros tecnólogicos, sino una reorentación del sistema alimentario según los criterios de responsabilidad social y sostenibilidad ambiental.

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